
Mi historia
De ser “el gordo de clase” a acompañar a más de 1.200 personas
Este es el resumen de mis últimos 13 años. No vengo de un sitio distinto al tuyo.

Mi historia
Este es el resumen de mis últimos 13 años. No vengo de un sitio distinto al tuyo.
Cuando escucho a alguien decir “ojalá fuese capaz de…”, me veo a mí mismo hace trece años. Porque yo era exactamente esa persona.
Desde los 12 a los 17 no hice ningún tipo de deporte. Pasaba los días delante del ordenador, comía fatal y odiaba lo que veía en el espejo. Era “el gordo de clase”.
A los 17 hice mi primera dieta con el “mejor endocrino” de mi pueblo. Perdí 13 kilos muy rápido y pensé que lo había logrado. No tenía ni idea de lo que venía.
A los 18 engordé 30 kilos. Comía muy mal, no me movía y dejé de ir a clase por pereza. Me hice la última foto que permití en años: pesaba 105 kilos. Con 20 toqué fondo, 120 kilos. Un día se rompió el ascensor de mi bloque y descubrí algo que no quería ver: me cansaba subir a un segundo piso. Estaba jodido.
Llegó el 21 de diciembre de 2015. Con 21 años decidí dejar el alcohol para siempre, porque estaba frenando todo mi avance. Lo recuerdo como si fuera ayer.
A partir de ahí me obsesioné. Pasé cinco y seis horas al día, durante años, estudiando entrenamiento y nutrición. Probé la alimentación flexible, el ayuno, una sola comida al día… y entendí algo clave: progresaba igual comiendo una vez que seis. El cuerpo no se construye con reglas absurdas, sino con constancia.
A los 24 llegaron dos hernias que me devolvieron a la casilla de salida. Perdí todo mi físico y estuve cuatro meses sin moverme. Sentí que todo se había acabado. Pero lo superé: dos años después alcancé mi mejor versión, fuerte y, sobre todo, en paz con mi cuerpo y con la comida.
Hoy vivo libre. No hay físico que me domine ni comida que me controle. Y lo mejor no es eso: más de 1.200 personas han hecho el mismo camino conmigo. Entrenan para ser más fuertes, han hecho las paces con la comida y han dejado de restringir alimentos.
Hago esto porque sé lo que se siente al mirarse al espejo y no reconocerse, y sé que se puede salir de ahí: sin dietas de nevera ni plantillas de culturista, con método, ritmo y alguien que de verdad te acompañe.
Alcancé lo que hace diez años creía imposible. Y todo, en parte, gracias a que un día se rompió mi ascensor.
Tu turno
Si quieres dejar atrás las dietas imposibles y construir algo que dure, cuéntame tu caso. Sin compromiso.
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